Durante los trece años en que trabajé con él, don Juan me enseñó los pasos básicos para lograr la proeza de ver. He hablado de esos pasos en todos mis escritos anteriores, pero nunca toqué el punto clave del proceso: los pases mágicos, de los cuales él me enseñó una gran cantidad. Sin embargo, junto con el cúmulo de sus conocimientos, don Juan también me dejó la certeza de que yo era el último eslabón de su linaje. Aceptar esa realidad implicaba automáticamente que me cabía la responsabilidad de encontrar nuevas formas de difundir el conocimiento de su linaje, dado que la conti- nuidad ya no era un tema en discusión.
En este aspecto, tengo que clarificar un punto de suma importancia: don Juan Matus no tenía interés en difundir sus conocimientos; lo que sí le interesaba era perpetuar su linaje. Sus otras tres discípulas y yo elegidos, como solía decir, por el espíritu mismo, dado que él no había tenido parte activa en esa elecciónéramos el medio que aseguraría esa perpetuación. Por lo tanto, se abocó al titánico esfuerzo de enseñarme todo lo que sabía sobre brujería, o chamanismo, y sobre el desarrollo de su linaje.
En el transcurso de mi formación, don Juan advirtió que mi configuración energética era, según él, tan inmensamente distinta de la suya propia, que ello no podía significar otra cosa que el fin de su línea de descendencia. Le dije que me sentía muy mal con su interpretación, cualquiera fuese la diferencia invisible que existiera entre nosotros. No me agradaba en absoluto cargar con el peso de ser el último de su linaje, ni lograba comprender su razonamiento.
Los brujos del antiguo México me dijo en cierta oportunidad
creían que la capacidad de elegir, tal como la entiende el ser humano,
es la condición previa para lograr entender el universo, pero esto sólo es una interpretación benevolente de lo que en realidad encuentra la conciencia cuando se aventura más allá de los límites de nuestro mundo. El ser humano se halla tironeado por diversas fuerzas, hacia variadas direcciones. El arte de los brujos no consiste en elegir, sino en ser lo suficientemente sutiles como para aceptar.
"Los brujos, aun cuando parezca que no hacen otra cosa que decidir, en realidad no toman decisión alguna prosiguió don Juan. Yo no decidí elegirte y no decidí que tú serías tal como eres. Dado que no pude elegir a quién impartir mi conocimiento, tuve que aceptar a quien el espíritu me ofreciera. Y esa persona fuiste tú; energéticamente, tú eres capaz solamente de finalizar algo, no de continuarlo.
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